La vida se narra desde los proyectos
Hay una tendencia en la vida a considerar las edades de manera excluyente. Y no lo son; sólo son sucesivas. En este sentido animo, -dice Julián Marías-, a que las conservemos, ya que el hombre que no tiene vivo el niño o al joven que fue es una persona incompleta. Bien en verdad que hay que entender esto como una evolución, pues existe algo espantoso: el adolescente enquistado. El envejecimiento no es solo deterioro, puede ser recapitulación de vida. Es lo que justifica a esos grandes viejos que fueron lúcidos y actuaron hasta el final. La vida se cuenta, se narra desde los proyectos. La vida humana es inseguridad, pero también proyecto.
Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)
Rima IX
Besa el aura que gime blandamente
las leves ondas que jugando riza;
el sol besa a la nube en occidente
y de púrpura y oro la matiza;
la llama en derredor del tronco ardiente
por besar a otra llama se desliza;
y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
al río que le besa, vuelve un beso.
José Luis Martín Descalzo (1930-1991)
Pocos días antes de morir, José Luis Martín Descalzo escribía esta Carta a Dios como conclusión de su libroRazones para el amor, publicado en diversas editoriales. En ella, además de repasar su vida, ofrece una visión maravillosa del dolor y de la muerte, con una claridad que sólo da la cercanía.
Saberte Padre es el Cielo
Gracias. Con esta palabra podría concluir esta carta, Dios mío, Amor mío. Porque eso es todo lo que tengo que decirte: gracias, gracias.
……………
La felicidad, la fe, la confianza en la vida fueron, para mí, como el plato de natillas que mamá pondría, indudablemente, a la hora de comer. Algo que vendría con toda seguridad. Y que si no venía, era simplemente porque aquel día estaban más caros los huevos, no porque hubiera escaseado el amor. Entonces aprendí también que el dolor era parte del juego. No una maldición, sino algo que entraba en el sueldo de vivir; algo que, en todo caso, siempre sería insuficiente para quitarnos la alegría.
……………
He sido felíz, claro. ¿Cómo no iba a serlo? Y he sido felíz ya aquí, sin esperar la gloria del Cielo. Mira. Tú ya sabes que no tengo miedo a la muerte pero tampoco tengo ninguna prisa porque llegue. ¿Podré estar allí más en tus brazos de lo que estoy ahora? Porque éste es el asombro: el Cielo lo tenemos ya desde el momento en que podemos amarte. Tiene razón mi amigo Cabodevilla: nos vamos a morir sin aclarar cuál es el mayor de los dones, si el de que Tú nos ames, o el de que nos permitas amarte.
……………
Me cuesta decir que aquí te damos gloria. ¡Eso sería demasiado! Yo me contento con creer que mi cabeza reposando en tus manos te da la oportunidad de quererme. Y me da un poco de risa eso de que nos vas a dar el Cielo como premio. ¿Cómo premio de qué? Eres un tramposo: nos regalas tu Cielo y encima nos das la impresión de haberlo merecido. El amor, Tú sabes bien, es él solo su propia recompensa. Y no es que la felicidad sea la consecuencia o el fruto del amor. El amor ya es, por sí sólo, la felicidad. Saberte Padre es el Cielo. Claro que no me tienes que dar porque te quiera. Quererte ya es un don. No podrás darme más.
Nota: el texto completo de la carta de José Luis Martín Descalzo así como el espíritu que él me trasmitió en mi relación personal queda a disposición a petición aunque este apunte que une y evidencia la conjunción de su sentido trascendente junto a Bécquer y Marías lo doy por concluido y sellado. Concluido por considerar que lo hace patente la expresión de la palabra; sellado por cuanto hoy mis ojos se lavaron una vez más con un gel que no escuece, sana las heridas y hace brillante la pupila que se abre para dejar que el mundo penetre en la emoción que sólo puede surgir cuando se concreta el amor en la entrega de la instrucción, la inteligencia y el sabor con el que el barro de la tierra se hace creación.
Cordialmente,
Alberto Luis Matesanz